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Las Harpías


Las grayas

Entidades insidiosas
de un hedor indefinible,
plagan los abismos.

Dino, la de labios rojos,
reptó hasta la superficie
para anticiparnos El Horror
con su mirada perdida
y besándonos en la boca
se retiró llorando.

Tras ella llegó Pefredo
que conjurando a las Siete Plagas
desencadenó la alarma
sobre las multitudes de inocentes.

Bajo sus perniciosas garras
las niñas mueren,
las madres suplican piedad
y las ancianas se doblan
como animales heridos 
esperando la llegada de Enio,
La Destructora de Ciudades,
que enterrando sus uñas descarnadas
sobre las pila de cuerpos destrozados
se los tragará hasta quedar satisfecha.


                                                                 Nora Guevara García

1. Averigua ¿quiénes son las grayas y cuál era su función en la mitología griega?

2. ¿A qué recurso de la literatura contemporánea recurre este poema de acuerdo a la pregunta anterior?

a. Metalitatura
b. Intertextualidad
c. Polifonía
d. Montaje

3. INSIDIOSAS

a. Desconocidas
b. Maléficas
c. Engañosas
d.  Asesinas

4. HEDOR

a. Aroma fuerte
b. Olor desagradable
c. Color indecifrable
d. Profundidad incalculable

5. ¿Qué caracteriza físicamente a Dino?

a. El horror
b. Sus labios
c. El llanto
d. El miedo

6. ¿Qué función cumple Dino en el poema?

a. Encarna el poder sexual
b. Representa la piedad
c.  Personifica la debilidad
d. Preludia El Horror

7. La palabra PLAGAR tiene un matiz

a. Indefinido

b. Negativo
c. Positivo
d. Neutro

8. ¿Cuál/es de las grayas personifica/n El Horror?

a. Dino
b. Enio
c. Pefredo
d. Dino y Enio

9. ¿Cuáles son las siete plagas y a qué hecho mítico/religioso aluden?

10. ¿A qué defecto humano alude este poema y a qué situaciones reales podemos aplicarlo?

11. "Dino, la de labios rojos" presenta el uso de

a. Metáfora
b. Asíndeton
c. Anáfora
d. Epíteto

12. En los versos "esperando la llegada de Enio,/La Destructora de Ciudades," encontramos

a. Metáfora
b. Sinestesia
c. Antítesis
d. Hipérbole

13. En los versos "las ancianas se doblan,/como animales heridos" encontramos

a. Perífrasis
b. Eufemismo
c. Comparación
d. Hipérbaton

14. En los versos "Bajo sus perniciosas garras/  las niñas mueren,/  las madres suplican piedad/ y las ancianas se doblan,/ como animales heridos"

a. Polisíndeton
b. Asíndeton
c. Enumeración
d. Gradación

15. La actitud lírica del poema es

a. Apostrófica
b. Carmínica
c. Enunciativa

16. ¿Qué se dice de las grayas en el poema?

17. ¿Por qué este poema completo es una alegoría?




  

Guía de figuras literarias en poema Las grayas

Las lágrimas del diablo corren hacia arriba


Las lágrimas del Diablo corren hacia arriba.

Dicen que cuando Lucifer penetró
los oscuros secretos de esos dioses
de miradas torvas,
algo eclipsó en su alma y dejó de creer.

Cuentan que antes de ser concebida,
de ser arrojada del vientre de mi madre,
arcanos florecieron en mi mente.

-Shhhhhhhh,
es pecado cuestionar a los dioses
y desentrañar los enigmas
escritos en las piedras
pero no puedo evitarlo,
sé que hay demonios en los púlpitos,
y ángeles hundidos en las cloacas,
seres cuyas lágrimas son los vórtices
que expanden el Universo.

Sé que están aquí,
a una mano de distancia,
y que se me parecen.


                                     Nora GuevaraGarcía



Eufemismo,personificación, anáfora, metáfora intertextualidad, Confesiones de un sapo viejo


Confesiones de un sapo viejo    
                                         A Pablo Neruda
Desde las templadas alas del Silencio,
Kali, la Destructora de la Maldad, te acusa.

Desde los anchos espacios del Olvido,
una mujer dalit en Ceylán te acusa.
Hay diferentes formas de tortura, Pablo,
y entre ellas, la violación a una mujer
de la casta de los parias es la peor y la más baja.

¿Por qué pisoteaste a la humilde flor del tamil?
¿Tan orondo y repleto te sentías,
enorme sapo de bolas arrugadas,
que el oprobio inmortalizaste en tus memorias?

Reconócelo, abusaste de tu poder y de su orfandad.
Nadie quiso protegerla.

Dicen que tu simiente tejió una alondra,
un ridículo punto y coma que borraste con el codo,
sin volver la vista atrás.                                       

Debes saber que el tiempo 
nunca olvida, Pablo
y que desde la inmensa otredad de la muerte
las hidrocefálicas pupilas de Malva Marina
lloran tu abandono,
y que los ojos hundidos en el opio 
de Maruja  Hagenaar te acusan,

y que con ellas la mujer dalit 
 a quien arrebataste el ritual sari hindú
denuncia lo que todos callaron,
hombre  falto de humanidad.

Al releer tus poemas me pregunto:
Amaste alguna vez a las mujeres?
¿Sentiste remordimiento, Pablo?

Draupadi Chira-Haran,
la desnudada de sus ropas, me dice
que ni la suave palma de la Muerte
acaricia tu cabeza y que habitas solo
en el fondo de un balde,
bajo una caja de madera
por cuyo agujero cae
toda la mierda que un día
escupiste en tus memorias.                                                


                                                                 Nora Guevara García

1. En los versos "Desde las templadas alas del Silencio,/Kali, la Destructora de la Maldad, te acusa." encontramos el uso de 

a. Metáfora
b. Sinestesia
c. Eufemismo
d. Sinécdoque

2. La expresión empleada en los versos anteriores alude a

a. La pena
b. La soledad
c. El silencio
d. La muerte

3. En los versos "¿Por qué pisoteaste  la humilde flor del tamil?/¿Tan orondo y repleto te sentías,/enorme sapo de bolas arrugadas,/que el oprobio inmortalizaste en tus memorias?" se emplea un recurso de la literatura contemporánea llamada/o

I. Pregunta retórica
II. Intertextualidad
III. Ironía
IV. Polifonía

a. Solo I
b. Solo II 
c. Solo I y II
d. Solo I, II y IV

4. En los versos "las hidrocefálicas pupilas de Malva Marina/lloran tu abandono," se emplea

a. Asíndeton
b. Símil
c. Personificación
d. Metáfora

5. En los versos: "Desde las templadas alas del Silencio,/Kali, la Destructora de la Maldad, te acusa./Desde los anchos espacios del Olvido,/una mujer dalit en Ceylán te acusa." se emplea

a. Anáfora
b. Polosíndeton
c. Gradación
d. Concatenación

6. En los versos: "¿Por qué pisoteaste a la humilde flor del tamil?" se emplea metáfora  porque

a. se trata de una denuncia de un hecho que refiere a algo real.
b. el hablante indica que una flor fue pisoteada por Pablo.
c. la flor es el elemento evocado que sustituye a la mujer dalit.
d. se retoma un hecho ficticio relatado por un ente imaginario.

7. OPROBIO

a. Crisis
b. injuria
c. verdad
d. agravio

8. En los versos "Dicen que tu simiente tejió una alondra,/un ridículo punto y coma que borraste con el codo,/sin volver la vista atrás. " alondra, punto y coma refieren a la hija de Neruda, lo que remite al uso de

a. Personificación
b. Eufemismo
c. Metáfora
d. Comparación  

9. ¿Qué características se destacan de la hija de Neruda en el poema?

I. Indefesión
II. Enfermedad
III. Abandono

a. Solo I
b. Solo II 
c. Solo II y III
d. I, II y III

10. Investiga ¿Por qué al final del poema se menciona un balde bajo una caja de madera?

11. La Muerte en este poema se presenta como una entidad

a. aterradora
b. Desconocida
c. Vengativa
d. Calmada

13. El hablante lírico en el poema 

a. Interpreta
b. Agrede
c. Suplica
d. Denuncia

14. Comenta y fundamenta tu respuesta en al menos diez líneas. En este poema ("Confesiones de un sapo viejo") y en el poema al que se alude (el de Neruda, en "Confieso que he vivido")  ¿Es posible separar a los autores  de los hablantes líricos o voces imaginarias?  




A las que se llevaron


A las que se llevaron

Desde el ojo de un pescado
que se pudre en los caminos,
te observo.

Desde un ojo
plagado de pústulas,
y enceguecido por el dolor
te acuso.

Sé que nadie recogerá mis restos,
que nadie acunará estas agallas
que se queman y desaparecen
bajo el sol.

Por eso te miro
y me hundo en tus pupilas,
para que como un engendro
       me lleves en tu alma.


                              Nora Guevara García











Relato. Crónica de una ablación


CRÓNICA DE UNA ABlACIÓN                                                  
En occidente la ablación no es con cuchillas
Son cientos de miles de millones las regurgitaciones, los eruptos y vómitos sanguinolentos que las mujeres acumulamos en las entrañas. Para que estas traumáticas experiencias no se transformen en enfermedades que minen nuestra salud y capacidad de reacción debemos escupirlas, porque solo cuando podamos contar  lo que nos pasó, cuando miremos al dolor y al miedo a la cara, seremos libres.
Para escribir este relato debí mirar hacia atrás y escarbar en mis recuerdos, buscando la raíz del miedo, cuyas primeras manifestaciones vinieron de la boca de mi propia madre. Ella, intentando protegerme, fue el primer ser humano que empleó violencia en mi contra:
-Las niñas no  juegan con camiones. Las niñitas no andan solas en la calle, sobre todo si es de noche. No lo digo para lastimarte, es para protegerte, para que no sufras, amorcito.
Luego vinieron las historias de violaciones. Terribles relatos que iban de boca en boca como pecados veniales que se atascan en la garganta y no te permiten respirar, pecados que forman una bola putrefacta que crece al pasar de boca en boca de madres a hijas, de hermanas a hermanas, de primas a primas, de amigas en amigas, haciéndonos sentir indefensas y asustadas.  Y nos quedamos en nuestras casas pensando que allí estaríamos seguras, sin darnos cuenta del gran engaño, porque el tiempo nos dijo que en ninguna parte estamos seguras si sentimos miedo. Mientras más miedo sentimos, más poder tienen los hombres sobre nosotras.
Sigo buscando en mi pasado y veo crecer la espiral de la violencia en este mosaico de imágenes inconexas que trataré de pegar para ustedes.
-Cierra las piernas, que te estás ofreciendo, maraca.
-No te pares en la puerta. Las putas se paran en las puertas de las casas.




Segundo trozo de infancia: un pobre y destartalado cine de barrio. Una pieza infame de la que no tuve recuerdos hasta que comencé a escribir.  Quienes recuerdan ese sitio lo hacen con nostalgia y dicen que era un sitio mágico. Era un cine rotativo ubicado en un peladero. En esos tiempos pagabas la entrada y podías quedarte horas mirando las películas una y otra vez. Allí eras un ser anónimo que compartía imágenes con otros seres anónimos de los que no tenías conciencia. Las películas más populares eran las de artes marciales. Películas chinas, según recuerdo.  Me encantaba ver  pelear a los chinos, ver esas danzas acrobáticas que hacían surgir exclamaciones de asombro entre la multitud y era justamente, en medio de esos momentos de asombro, en medio de esta danza de colores y acción, en medio de la oscuridad, que aparecían las escenas de violaciones. Las víctimas eran mujeres jóvenes, a veces hermosas, otras comunes y corrientes, rechonchas, pequeñas, aunque a todas parecía gustarles que las desnudaran y les dieran como a perras en la calle, que las manosearan, que varios hombres a la vez se revolcaran con ellas y las dejaran tiradas en los campos, como objetos de desecho. No sé por qué, pero eso me pareció normal  ¿Por qué iba a parecerme extraño si a nadie parecía molestarle? Finalmente, era solo una película. Lo raro, lo extraño ocurrió cuando en una de esas funciones una mujer se puso de pie y gritó que estábamos viendo obscenidades. Obsenidades. Obsenidades. La palabra me quedó dando vueltas y dejé de ver la película. ¿Por qué diría eso? Obsenidades. Supongo que esa mujer jamás imaginó el efecto que ese grito destemplado tendría en mi vida, que sus palabras me ayudarían a tomar conciencia de lo que me estaba pasando.
Siempre me gustó el sonido de las palabras, por lo que llegando a casa le pregunté a mi madre por su significado.
-¿Dónde la escuchaste?-, me preguntó y se lo dije.  No tengo memoria de su respuesta ni de ninguna respuesta en torno a este tema. Fue una época oscura. En esos tiempos sufría de extraños lapsus que nunca pude explicarme. A veces iba en la micro y de un momento a otro no estaba allí, estaba en otro lugar. Lo sospecho, porque cuando regresaba a mi cuerpo, una parte de mi vida se había esfumado.  Recuerdo, por ejemplo, una ocasión en que iba sentada junto a la ventana mirando una calle X, una calle conocida y de pronto estaba en otro lugar y no recordaba cómo había llegado hasta ahí. Estaba tan acostumbrada a esto, que me bajaba de la micro y regresaba en otra, buscando recuperar el camino. Era perturbador, pero nunca lo conté a nadie. También recuerdo que lloraba mucho,  que lloré a gritos en el patio de mi casa y nadie me consoló. Recuerdo la soledad, los cuchillos, el miedo y la soledad.

En la iglesia también me ocurrían cosas extrañas. A veces, en medio de la misa, los sonidos paulatinamente se hacían lejanos, sordos, ahuecados y borrosos, aparecían estrellas y me desmayaba.  No recuerdo que me llevaran a un médico. Supongo que éramos muy pobres para eso. Debía de ser normal, como normal era la existencia de un vecino pervertido que violaba niñas a dos casas de la mía. Su esposa ofrecía dulces a las niñas y horas después esas mismas niñitas caminaban tambaleándose por las calles hasta caer desmayadas. Nunca lo denunciaron.  El apestoso pervertido murió de viejo en su cama años más tarde. Ese era un secreto a voces, como muchos otros en mi población. Eran tantas las anormalidades que rodearon mi infancia, que nunca pude comprender con claridad qué era correcto o incorrecto. A veces lo presentía, pero no estaba segura, por lo que simplemente comencé a abstraerme. También recuerdo que  en el pasaje que estaba frente a mi casa vivía un carabinero que violaba a sus propios hijos. Cada cierto tiempo ellos arrancaban y tras varios día una patrulla policial los traía de regreso. Seguramente los culpables eran esos niños, creo haber supuesto, porque de lo contrario, ¿cómo explicarse que carabineros los llevaran una y otra vez de regreso? Eso fue tan normal como enterarme que varias niñas de la población fueron violadas en un corto tiempo por los mismos carabineros que debían protegerlas. Cuando todo se supo, la gente comentaba que los trasladaron a otra unidad policial y nunca más se volvió a tocar el tema.  Antes que esto se supiera, los vecinos comentaban que los violadores eran los gitanos que vivían en la periferia de nuestra población. En esos días, cuando los gitanos pasaban en sus camionetas, las niñas corríamos a escondernos tras las faldas de nuestras madres buscando protección. Qué incautas éramos. En esa época me contaron que una niña pequeña fue asesinada en un inmenso edificio que jamás se terminó de construir. La violaron, le quemaron su cuerpecito de siete años con cigarrillos. La torturaron a unas cuadras de su casa, mientras sus familiares la buscaban con desesperación. También recuerdo la historia de la niña que fue abusada por varios hombres. Dicen que le metieron toda clase de objetos y que finalmente rompieron una botella y que con ella le molieron los intestinos. Desde ese día caminé tan aterrada que dejé de sonreír y de confiar. Diez cuadras de mi casa al colegio, diez cuadras del colegio a mi casa, a mi lugar  de seguridad. También recuerdo que era normal saber que a metros de ese lugar que llamaba mi casa unas niñas dormían en la calle porque no llegaban con dinero para sus padres. De dónde sacaban el dinero, por qué debían llevar dinero a sus padres, nunca me lo cuestioné. Nunca me cuestioné que durmieran en la calle. A nadie parecía importarle ese detalle. Era mucho más interesante saber si les habían pegado, si esa noche estaban o no acurrucaditas una al lado de la otra, reclinadas sobre la reja, como perras abandonadas.

Eran tantas las cosas anormales que pasaban a mi alrededor, que no fui capaz de darme cuenta de que mi casa no era un lugar seguro, que si tus hermanos se te tiran encima como perros en celo no es normal, que si se te refriegan en el culo hasta cansarse, no es normal, que si tu padre te mete las manos entre las piernas y te refriegue la vagina hasta cansarse, dejándote inflamada, adolorida y avergonzada, no es normal, que tus tíos, tus primos, sus amigos y tus amigos te miren como a un pedazo de carne lista para servírsela apenas se les para, no es normal. Ver cómo se les para, cómo se bajan y se suben el cierre y después te dicen que eres una puta barata, no es normal. Que tu madre lo sepa y se calle porque le conviene o que te diga que eres una mierda mentirosa no es normal. Que las personas que te rodean lo sepan y lo callen no es normal.


                                                             Nora Guevara García








La anunciación


La anunciación

La Muerte es un ángel.

He sentido su roce
de sus alas entornadas
 en medio de la noche.

Ella viste de luto
y yo, de negro,
buscando engañarla.

La Muerte, réplica cerval
de mis más hondas aprehensiones,
se desliza entre mis sábanas.

He saboreado el miedo,
en la curvatura de su lengua.

                                       Nora Guevara García

Ni perdón no olvido


Ni perdón, ni olvido

No puedo mirar atrás,
no quiero, no debo.

En mí,
el miedo y el silencio
anidan como pájaros.

Y aunque a veces,
movida por la pena intento
buscar la palabra perdón
en el diccionario de mi existencia,
en esta piel se cae a pedazos,
en este útero que se desgarra,
al interior de estos intestinos
que escupen con rabia
hasta la médula los huesos,
sé que busco en vano,
porque en mis espacios
el perdón no existe.
                                        Nora Guevara García

Los gestos


Los gestos, los gestos
ellos me los arrebataron
junto con la inocencia.

Los gestos
que como caléndulas
vuelan, resuenan
y se retuercen
desaparecen de mis manos
justo antes de nacer.

¿Dónde estarías Violeta?



A Violeta Parra Sandoval

¿Dónde estarías Violeta si no te hubieras ido el 67?
¿Qué hubiera ocurrido contigo en septiembre del 73?
¿Te hubieran aplastado la cabeza contra el pavimento
las tanquetas  de los militares?
¿Hubieras buscado entre los despojos de La Moneda
la palabra LIBERTAD?
¿Encontraríamos tu sangre, larva de pobreza encolerizada,
en las paredes del Estadio Nacional?
¿Escucharíamos entre los sonidos de la noche
el vibrar tu cuerpo en las cuerdas de los catres,
guitarrones de carne humana
de José Domingo Cañas?
Y si te hubieran quitado las manos
¿De qué color serían tus manos, Violeta campesina,
india piojenta, arrivista y envalentonada si te las hubieran quitado?
¿Y si nunca hubiéramos encontrado tu cuerpo?
¿Quién encendería velas en tu tumba,
quién cargaría tu foto como un crucifijo muerto,
quién gritaría tu nombre cada 11 de septiembre
exigiendo que nunca haya perdón ni olvido
mientras tu nombre y otros cientos de nombres
son borrados de las calles y de los monumentos
                                                          para ser vendidos como baratijas en las ferias?
Y si hubieras sobrevivido a esta historia de la que mastico, vomito y reniego
¿Cuántos linchacos tendrías tatuados en las costillas?
¿Cuánto del humo pestilente de los zorrillos te carcomería los pulmones?
¿Cuántas capas de piel te habrían quemado los químicos de los guanacos
solo por correr libre con las perras negras y desclasadas que corren libres
con la rabia imprengnada en el hocico, defendiéndote a dentelladas
 de las manadas de perros negros que encebados con nuestra libertad
nos persiguen saltando cercos, rompiendo los vidrios, botando las puertas
con el único objetivo de someternos?
Aquí, con nosotras creo que estarías Violeta
junto a tu pueblo
 luchando
con la mirada llena de orgullo, escupiendo a los opresores,
escribiendo y cantando lejos de los que hoy te levantan museos,
lejos de los que te crucifican en marcos engarzados de vidrios,
de los que te guardan en cajones con siete candados,
como a una virgen de papel
 intocable, inalcanzable,
lejos de los que hoy pretenden convertirte
un espejismo para tu pueblo.



 Nora Guevara García. Chile